Homunculo II

Incluso hoy, el alquimista medieval sigue siendo famoso por su supuesta, aunque no confirmada, capacidad de convertir metales básicos en oro, usando la legendaria piedra filosofal. Menos recordada pero incluso más controvertida, es la supuesta creación artificial de pequeños humanoides vivos, conocidos como homúnculos. Hace algunos años, sin embargo, Paul Thompson público en la revista “Fate” un fascinante análisis de este tema arcano por tanto tiempo olvidado, en el cual se incluyen importantes revelaciones.

Los alquimistas aseguraban que el medio de cultivo necesario para el desarrollo de homúnculos contenía varios fluidos biológicos como saliva o clara de huevo y a veces líquidos inorgánicos como rocío; empero, las dos sustancias más comúnmente citadas como esenciales eral la sangre humana y el semen, de las cuales existe la creencia difundida entre las sociedades primitivas, o carentes de conocimientos científicos, de que son la fuente esencial de la vida. También se requería estiércol de caballo, cuyas propiedades caloríficas se aprovechan para incubar el medio.

Tomando encuenta que todos esos ingredientes se podían conseguir fácilmente, ¿por qué la creación de homúnculos era una facultad limitada a los alquimistas?

La respuesta es que las fórmulas siempre parecían contener un ingrediente vital excepcionalmente complejo y difícil de preparar. Por ejemplo, la de los homúnculos incluida en el tratado “De Natura Rerum”, escrito por el erudito suizo del siglo XVI Teofrasto Paracelso, contenía el “arcano de la sangre humana”: esencial pero esotérica, solamente la fraternidad de alquimistas conocía sus componentes.

Igual de estraña es la “tintura animal”, la cual es incluida en otra fórmula medieval.

A pesar de tales dificultades, sí existen registros en los que se detalla la creación exitosa de homúnculos. Se dice que el doctor Borel quien era médico del rey, cultivó y exhibió en la corte de Luis XIV de Francia un espécimen extraordinario creados con sabre humana destilada y el cual era capaz de emitir rayos de luz roja. Sin embargo, el caso más sobresaliente plenamente documentado en el libro del doctor Emil Besetzny, Sphinx (esfinge), es seguramente la creación de 10 homúnculos vivos solamente en cinco semanas por parte de dos alquimistas austriacos del siglo XVI -el conde Johann Ferdinand von Kufstein y al abate Geloni.

Como todos los homúnculos, se desarrolaron en pomos sellados -los homúnclos mueren si son expuestos al aire por mucho tiempo- llenos de agua y posteriormente cubiertos con montones de estiércol. Como siempre, se les trató con una solcuión especial, pero no especificada, que duplicó el tamaño de ocho de ellos y se logró una cepa de especímentes que medían 30 centímetros.

Ninguno era igual y cada uno tenía su propia identidad. Ocho eran maniquíes físicos , conocidos respectivamente como rey, reina, caballero, monje, monja, ángel, minero y arquitecto y se confeccionaron prendas adecuadas a su identidad. A cada uno de estos ocho homúnculos se le alimentó con tabletas especiales color de rosa cada tres o cuatro días y se les cambió el agua una vez a la semana. Por lo menos una vez, el homúnculo “rey” escapó de su pomo y trataba afanosamente de quitar el sello del recipiente donde estaba la “reina” cuando lo encontró el mayordomo del conde Kufstein. Perseguido por Kufstein y el mayordomo, el “rey” pronto se desmayó al verse expuesto al aire y fue devuelto a su recipiente.

Los otros dos homúnculos no eran corpóreos y solamente aparecían cuando Geloni golpeaba sus recipientes y decía algunas palabras mágicas. Entonces se materializaba una cara en cada uno de ellos; además, en uno uno de los pomos el líquido se volvía azul y en el otro, rojo. El homúnculo de “espíritu” rojo se alimentaba con sangre y cada dos o tres días se le cambiaba el agua, pero al de “espíritu” azul nunca se le daba de comer ni se le cambiaba el agua.

Los 10 homúnculos contestaban preguntas acerca de sucesos futurs y sus respuestas eran invariablemente acertadas; además, eran observados por muchas personas. Entre ellas había personajes connotados, como los condes Franz Josef von Thun y Max Lamberg. Sin embargo, indudablemente, no es posible que entes tan extraños hechos por el hombre en verdad hayan existido, ¿o sí?

Palabras del autor: No puedo dejar de prefuntarme si estos homúnculos no eran mas que enormes anfibios traídos por viajeros de los trópicos. Un posible candidato es el sapo africano con garras Xenopus laevis, que es una especia común con vagas formas humanas y que siempre vive en el agua -lo que tal vez explique por qué el “rey” se desmayó después de escapar de su frasco.

Nadie sabe que le sucedió a nueve de lso homúnculos después de que Geloni y Kufstein finalmente siguieron caminos separados. Sin embargo, sucedió un acontecimiento que tal vez dejó pruebas tangibles de la décima criatura. Cuando se cayó accidentalmente el pomo en el que estaba el homúnculo “monje” y se rompió, el humanoide que estaba adentro perdió la vida. Su cadáver fue sepultado en el patio de Kufstein, pero, ¿dónde está actualmente? Si tan sólo supiéramos dónde se encuentra, podríamos remover la tierra a su alrededor, como lo sugirió Paul Thompson, y quién sabe qué restos se hallarían.

Atlas de lo Inexplicable. Dr. Karl P.N. Shunker

~ por hadeshope en noviembre 13, 2007.

Una respuesta to “Homunculo II”

  1. estoy en eso de hacer o crear un homunculo no me voy a quedar con la duda…creo tener suficiente informacion para hacer la prueva luego les escrivo a ver en que fue a parar mi experimento, deseenme suerte..

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